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Fases de mis cuadros

gato-frances fases mis cuadros

Pintar es para mi más que una afición, es mi pasión que me acompaña desde que era muy joven y a la que no puedo abandonar. Hay periodos de mi vida a los que le dedico más atención que otros, pero la pintura es mi más fiel compañero de viaje y espero que siga a mi lado por muchos más años.

Para decidir empezar a pintar un cuadro, necesito encontrar algo que me inspire, y en muchas ocasiones, encuentro esa inspiración en fotografías tomadas por mí, especialmente viajando que es cuando uno se relaja y ve todo con otros ojos.

Las fotografías en las que me apoyo para poder pintar el cuadro, son en blanco y negro, puesto que no quiero que los colores captados por la lente fotográfica me influyan y coartan mi libertad creativa. Prefiero dar rienda suelta a la imaginación en cuanto al color que puedo aplicar con pinceladas al lienzo, y si quiero poner un morado en una hoja de un árbol, me siento más cómoda si mi ojo no ve los colores de la fotografía. Realmente el color morado puede estar ahí, ya que ya sabemos, que los colores son influidos por los elementos que rodean al objeto y cómo la luz influye sobre ellos.

Si observamos el movimiento impresionista, nos damos cuenta que la luz es el protagonista, la luz descompone los colores en millones de colores que se influyen unos a otros para crear la composición final. Para mí la pintura impresionista siempre me ha fascinado, y creo que su influencia se puede palpar en mis cuadros.

Las fases pictóricas para realizar un cuadro

Una vez que tengo una foto en blanco y negro que me servirá de inspiración, comienzo el boceto con la técnica de carboncillo directamente sobre el lienzo. De esta manera encajo el dibujo a grandes rasgos, lo que me ayudará a continuación a dar las primeras pinceladas de color.

Con la figura o la escena encajada ya a carboncillo, paso un trapo por el lienzo para quitar las virutas de polvo que deja el carboncillo para que no se manchen los pinceles y los colores, dejando un dibujo muy suave que me permite ver la composición.

Comienzo entonces a pintar con grandes pinceladas las sombras y luces que componen la escena, todo a grandes rasgos y con la mano muy suelta sin tener en cuenta los detalles del cuadro, ya que esta será la fase final.

Cuando he conseguido dar volumen al cuadro con el juego de luces y sombras, paso a una segunda fase de color, donde amplio la gama de colores aplicada y empiezo a delinear un poco más los elementos que componen la escena.

Normalmente, lo hago en varias sesiones, dejando reposar la pintura y observando el cuadro para tomar decisiones sobre cómo continuar el cuadro.

Mientras estoy pintando, doy pinceladas rápidas al principio y en las últimas fases utilizo pinceles más finos para los acabados y detalles. En todas las sesiones, también me paro a ratos para poder ver el resultado y saber donde se necesita un color u otro para conseguir la armonía y una lectura adecuada del cuadro.

Os puedo asegurar que no siempre el resultado del cuadro es el esperado y a veces cuando está mal encaminado toca corregir o incluso tomar la decisión de borrar y volver a empezar.

Por esa razón, cuando un cuadro decido que está acabado y el resultado me parece bueno, la satisfacción es enorme. Partir de un lienzo en blanco sin saber muy bien la hoja de ruta y ver al final el cuadro acabado, es una sensación increíble.

Os dejo un video para que veáis estas fases que he explicado sobre el cuadro “gato francés”. Espero que os guste tanto como a mí haberlo realizado.


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Aunque algunos cuadros ya están comprados, hay todavía varios cuadros en venta en la galería de arte de esta página web. Si quieres hacer un regalo, decorar o simplemente echar un vistazo, te invito a darte un paseo por mi galería virtual 😉

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